1- ¿Qué es la ideología?

La ideología es un sistema general de representación del mundo propia de una clase o grupo social, que fija y reproduce las relaciones de ese grupo con la naturaleza, con otros grupos y de los miembros del grupo entre sí. Está formada por nociones ideológicas, principios generales y principios de carácter práctico, jerarquizados entorno a un nódulo central. Proviene de la práctica y a su vez, sirve a la práctica.

La concepción dominante sobre lo que es la ideología está sintetizada en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, para el que ideología es “el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc”.
¡Así, se considera que cualquier suma de ideas, cualquier sistema de valores organizado, constituye una ideología.
Vamos a estudiar, punto por punto, el concepto de ideología que el marxismo establece -reproducido en el enunciado de esta tesis-, y como cada uno de ellos se enfrenta a la concepción dominante compartida a derecha e izquierda.
Estableciendo, partiendo de los hechos, como el concepto de ideología del marxismo se corresponde con la realidad, nos sirve para comprenderla y desde aquí estar en disposición de transformarla.

A.- La ideología es un sistema general de representación del mundo.
La ideología no es una suma de ideas. Es un sistema general de representación del mundo, algo cualitativamente diferente.
Es observable que en diferentes épocas históricas, grupos sociales concretos han adoptado diferentes concepciones del mundo.
En las sociedades de comunismo primitivo, previas a la división en clases, los grupos sociales humanos se consideraban parte integrante de la naturaleza, y establecían entre sus miembros relaciones de colaboración y ayuda mutua, donde la vida de cada individuo estaba regida por las necesidades colectivas.
En la época feudal, la concepción del mundo giraba en torno a la idea de Dios, la humanidad se consideraba la representación terrenal de la divinidad, hecha a imagen y semejanza de Dios.
En las sociedades burguesas, el mundo se concibe desde la idea de Hombre, y el desarrollo histórico es expresión del avance de la Razón.
Estas concepciones del mundo no son diferentes por las ideas que contienen. No se cambia de ideología eliminando algunas ideas y añadiendo otras. Es necesario romper con todo un sistema general de representación del mundo y adoptar otro.
Desde este sistema general de representación del mundo se concibe cada fenómeno particular. En el feudalismo una epidemia o una sequía era representada como un castigo divino, y se organizaban rogativas o ceremonias de arrepentimiento. No era un “desvarío colectivo”. Correspondía a su concepción ideológica del mundo.

B.- Es propia de una clase o grupo social.
A lo largo de la historia, podemos comprobar como las diferentes ideologías han sido propias de una clase o grupo social.
En las sociedades de clase las ideologías son de clase. Defienden una concepción del mundo acorde con los los intereses de una clase.
La ideología feudal, para la que el motor de las cosas es la voluntad de Dios, y que compartía todo el grupo social, desde los señores a los siervos, defendía los intereses de la nobleza y los señores feudales, colocados en el lugar de Dios en la tierra.
El humanismo, desarrollado por la burguesía, desafía este orden, destrona a Dios -es decir al Rey, al señor feudal- del centro del mundo y coloca en su lugar al Hombre. Pero es ya un “hombre nuevo”, un hombre burgués, que no está subordinado al Padre, que se ha “hecho a sí mismo” y no ha sido hecho a imagen y semejanza de un Dios que está por encima.
Con este combate ideológico -que todas las revoluciones burguesas han debido dar- se desafiaba el dominio de la nobleza feudal, se creaba el clima opinión necesario para tomar el poder, quebrando los limites impuestos por el feudalismo al desarrollo del capitalismo.

C.- Fija y reproduce las relaciones de ese grupo con la naturaleza, con otros grupos y de los miembros del grupo entre sí.
La ideología no es una “fabulación”, un “cuento mitificado” que no tiene relación con la vida material y no influye para nada en ella.
Por el contrario, la ideología cumple un papel práctico esencial en las sociedades humanas: unir y cohesionar al conjunto del grupo social para llevar adelante la práctica colectiva, y que cada individuo ocupe en ella el lugar que le corresponde. Fijando y reproduciendo las relaciones de ese grupo con la naturaleza, con otros grupos y de los miembros del grupo entre sí.
Esto es algo tan antiguo como la propia humanidad. Los estudios prehistóricos han demostrado que las pinturas de Altamira son obra de una sola mano. El grupo liberó a uno de sus miembros de las tareas productivas -la caza y la recolección- para que hiciera esas pinturas. En torno a las cuales, en ceremonias mágicas en los lugares más recónditos de la cueva, ese grupo social se unía y cohesionaba en torno a una serie de creencias que tienen su origen en las condiciones de su vida material y a su vez contribuyen a reproducirlas.

La ideología, por tanto:

  • Fija y reproduce las relaciones de ese grupo con la naturaleza.
    En las sociedades de comunismo primitivo, la conversión en figuras mágicas y totems de los animales de los que dependía la supervivencia, o de los fenómenos naturales que determinaban las actividades humanas, fijaba y reproducía una determinada concepción donde los grupos humanos formaban parte integrante de un ciclo natural.
  • Fija y reproduce las relaciones con otros grupos.
    En las sociedades feudales, tanto por parte del mundo cristiano como del islámico, se concebía la relación con otros grupos dentro de la guerra y el conflicto de religiones.
  • Fija y reproduce las relaciones de los distintos miembros del grupo entre sí.
    En las sociedades de comunismo primitivo, las relaciones de colaboración y apoyo mutuo cohesionaban a todo el grupo social, y también garantizaban la supervivencia de cada individuo.
    Al mismo tiempo, las representaciones ideológicas y religiosas garantizan la vida colectiva.
    La moral nace como un conjunto de tabúes, prohibiciones aceptadas socialmente. El tabú del asesinato protege al grupo social contra los conflictos y disputas entre individuos. El tabú del incesto permite evolucionar hacia formas más elevadas de familia, y a una organización social más compleja.


D.- La ideología está formada por nociones ideológicas, principios generales y principios de carácter práctico.

Las nociones ideológicas son las ideas generales fundamentales que rigen la vida colectiva. Como libertad, amor… Estas ideas no son eternas e inmutables, adquieren un contenido diferente en cada ideología.
Los principios ideológicos generales establecen un marco desde donde concebir la realidad, y orientan, de forma general, la práctica colectiva. Como por ejemplo “servir al pueblo” o “no olvidarse nunca de la posición y el punto de vista de la lucha de clases”.
Y los principios ideológicos de carácter práctico dirigen de forma concreta la práctica de todo el grupo social y de cada individuo.
Los diez mandamientos son un “decálogo” de principios ideológicos de carácter práctico. Pero también el “Contra el liberalismo”, desarrollando los principios de la ideología proletaria en combate a los principios de la ideología burguesa.
Todas las ideologías -la feudal, la burguesa, la proletaria…- contienen estos tres elementos. Tanto nociones ideológicas, como principios generales y principios ideológicos de carácter práctico.

Los principios ideológicos de carácter práctico son concretos, pero a su vez parten y expresan una determinada concepción del mundo. Cojamos el ejemplo de los diez mandamientos.
En la época del Antiguo Testamento las doce tribus de Israel han dado ya el salto a una sociedad de clases, donde una élite, en la que juega un papel clave la casta sacerdotal, acumula la propiedad de las tierras y los ganados -las principales fuentes de riqueza-, imponiendo la servidumbre y la esclavitud, estableciendo una férrea familia patriarcal…
Esta es la organización social que los diez mandamientos defienden, fijan y reproducen.
Los diez mandamientos son mitificados en la Biblia como una revelación divina a Moisés en el Monte Sinaí, revistiéndolos así de una autoridad superior que toda la sociedad está obligada a acatar.
Son la expresión del Dios terrible y vengativo del Antiguo Testamento, que exige a Abraham sacrificar a su hijo como símbolo supremo de sumisión, o “no tolera la desobediencia” y castiga de forma inmisericorde a la humanidad cuando esta se produce, como con el diluvio universal.

  • Colocan en primer plano la sumisión a Dios, es decir a la nueva autoridad instaurada con la división social en clases.
    Desde el primer mandamiento, “amar a Dios sobre todas las cosas”, a la prohibición de “tomar el nombre de Dios en vano” -el nombre de Yavhe es sagrado y no puede ni pronunciarse-.
  • Pero los diez mandamientos también ordenan la producción y el trabajo, estableciendo que, como Dios al crear el mundo, se descansará el séptimo día, el sábado.
  • Así mismo los diez mandamientos defienden un tipo de familia patriarcal, sometida la autoridad del padre y donde la mujer se somete al marido: “honrarás a tu padre y a tu madre”, “no cometerás adulterio”, “no codiciaras a la mujer del prójimo” -concebida como una propiedad ajena que no debe cuestionarse-.
  • Y protege la propiedad y las relaciones sociales dominantes: “no codiciarás la casa del vecino”, “no codiciarás los siervos, los animales o cualquier cosa de tu prójimo”.
    Dios bendice que una parte de la sociedad acumule propiedades, o convierta en siervos a sus semejantes. Y exige al resto de la sociedad que respete sus privilegios.

E.- Jerarquizados en torno a un nódulo central.
Toda ideología tiene un nódulo central que le da naturaleza, y en torno a él se organizan y jerarquizan el conjunto de nociones y principios ideológicos.
El nódulo central de la ideología feudal era Dios. Las sociedades feudales no eran monolíticas, existían diferentes ideas y corrientes de pensamiento. Pero todas ellas se concebían desde el nódulo central de Dios. La interminable sucesión de herejías en las sociedades feudales son en realidad expresión de una confrontación de ideas, que debía necesariamente estar dentro de la religión. Incluso los primeros combates ideológicos de la burguesía también adoptan formas religiosas, como el protestantismo luterano y calvinista o la reforma anglicana.
Por eso la Iglesia perseguirá el avance del conocimiento científico. Quemando a Miguel Servet en la hoguera por descubrir la circulación de la sangre o imponiendo a Galileo una humillante retractación pública. No era un delirio dogmático. El avance del conocimiento científico, impulsado por la burguesía para desarrollar el modo de producción capitalista, atentaba contra los mismos cimientos de la ideología feudal.
Para hacer su revolución, la burguesía debe “destronar al emperador”. Cuestionar el nódulo central de la ideología feudal, una concepción del mundo que orbita en torno a la idea de Dios, para colocar en su lugar al Hombre.
Ese es el camino que se inaugura con el humanismo renacentista, y que culminará en el feroz combate de la Ilustración francesa contra todo tipo de oscurantismo religioso.
Ese humanismo burgués es un combate ideológico y filosófico contra el dominio de la nobleza feudal, y contra las formas ideológicas que lo sustentan y reproducen.
Asentando al mismo tiempo los principios y valores, basados en una nueva concepción del mundo, que serán dominantes en las sociedades burguesas.

No existen nociones ideológicas eternas e inmutables, como nos plantea el idealismo dominante. En la Grecia clásica Sócrates estableció que existían “universales morales”, que se correspondían con la concepción de la ideología esclavista. Mientras que la burguesía nos dice ahora que las ideas fundamentales (Libertad, Igualdad, Fraternidad) han existido siempre bajo la misma forma y que es el triunfo de la Razón lo que permite que ahora se expresen.
No es verdad. Cada una de esas ideas adquiere un contenido diferente, es una idea diferente, dependiendo del nódulo central del cual partan.
La ideología feudal no negaba la libertad, pero la concebía como el sometimiento a la voluntad divina.
La burguesía prometerá a los siervos libertad (dentro de la consigna “Libertad, Igualdad y Fraternidad”). No traicionará su promesa, pero la cumplirá otorgando lo prometido, la libertad burguesa. Triturará las ataduras de la servidumbre feudal, porque necesita una masa de “hombres libres” -liberados de los lazos que los atan a la tierra y al señor- para que puedan convertirse en proletarios, que puedan vender “libremente” su fuerza de trabajo a los propietarios del capital.
Pero esa libertad burguesa tenía un doble aspecto. Libres porque ya no están sometidos a la servidumbre feudal, pero obligados a vender su fuerza de trabajo al capitalista porque han sido despojados de cualquier medio de subsistencia.
Para la concepción burguesa del mundo, “la libertad de cada individuo termina donde empieza de la de los demás”. Es decir, la lucha por la libertad debe “respetar” el derecho a la propiedad -principalmente sobre los medios de producción- de los capitalistas.
El “respeto burgués”, mitificado bajo la defensa de la “tolerancia”, está en realidad basado en imponer que no debe desafiarse el derecho a la explotación de los capitalistas, ni las ideas que lo justifican y defienden.

F.- La ideología proviene de la práctica y a su vez sirve a la práctica.
Aparentemente, la veneración a las vacas en la India es uno de los ejemplos máximos de delirio religioso totalmente desligado de la realidad material.
Agricultores hambrientos se niegan a sacrificar su vaca para dar de comer a su familia, las vacas deambulan con total libertad, comiéndose los pastos o provocando descarrilamientos de trenes.
En realidad, como desvela el antropólogo norteamericano Marvin Harris, la insólita deificación de las vacas indias tiene su origen en la práctica social. Nace de las condiciones materiales de la sociedad india, y a su vez sirve a proteger y reproducir un determinado entramado social.
En primer lugar, en la India existe un enorme déficit de animales de tiro, bueyes que nacen de las vacas. Y el agricultor pobre indio no dispone de la opción de recurrir a un tractor.
Las vacas proporcionan también a los campesinos pobres de la India productos básicos que no podrían obtener de otra manera. Los excrementos de la vaca son un extraordinario abono para los campos, frente a depender de los productos químicos proporcionados por grandes monopolios o desde el extranjero.
El tabú religioso que prohíbe matar a las vacas, aunque nos parezca totalmente reaccionario y extemporáneo, protege en realidad al campesino pobre. Las vacas escuálidas que se pretende sacrificar, considerándolas improductivas, son propiedad de los campesinos pobres, y sustento de su modo de vida.
Las vacas hindúes, tienen una resistencia muy superior a las nuestras y son capaces de recuperarse aunque parezcan moribundas. Si un campesino en época de sequía, cuando la vaca se ha quedado escuálida y no vale para nada, la mata para tener alimento, está enterrando con ella su principal medio de subsistencia y el sostén de su forma de vida, por eso la ideologia las protege.
Por tanto, el tabú que prohíbe sacrificar a las vacas en la India, y que las protege considerándolas poco más que como dioses, no es ningún “delirio” religioso propio de sociedades subdesarrolladas.
Tiene su anclaje en las condiciones materiales, económicas y sociales, de la India, y a su vez contribuye a reproducirlas, dictando a toda la sociedad unas normas de conducta que deben cumplirse.
Cuando Gandhi encabezó la lucha por la independencia de la India, asumió, pese a haberse formado en universidades británicas, el tabú de matar vacas, porque ello contribuía a preservar la organización social propia de la India, frente a la intervención extranjera.

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